La Bola de Pelo Viajera

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Un París de cine

Escrito por cecikrups 08-09-2011 en General. Comentarios (0)
El primer viaje que hice por mi propia cuenta fue a París, en parte cortesía del gobierno francés.

Por esas fechas yo era (de hecho sigo siendo) una cinéfila incurable y mi sueño era estudiar cine. Como yo, había algunos amigos que andaban por el mismo camino, unos pasos más adelante y ya habían empezado a estudiar. Un afortunado día, Sylvia, mi multinacional amiga, encontró un anuncio en su escuela en el que se ofrecía un viaje a París para jóvenes interesados en el mundo del cine. El generoso gobierno francés cubría la mayoría de los gastos como alojamiento, actividades y una buena parte de las dietas. Nosotros sólo debíamos correr con los gastos del viaje y alguna que otra cena o juerga. Cuando Sylvia me propuso esta pequeña aventurilla, inmediatamente dije sí.

Tenía 18 años, estaba enamorada del cine, de viajar y de Oriol y no podía parar de soñar con esa semana de verano que iba a pasar sin tutela de adultos en la ciudad de la luz.

A tan magnífica oferta se unió otra buena amiga mía, Gènia,enamorada también del cine (aunque no de Oriol) y así, acabamos creando un grupo muy interesante de jóvenes amantes del cine y con ganas de viajar...y si el gobierno francés financiaba una parte...mas que mejor!!!

Como no nos teníamos que preocupar del alojamiento, sólo nos procuramos el transporte. Un billete de Talgo a París, ida y vuelta, en coche-cama costaba unas 25.000 pesetas en 1997, lo que a mí me parecía una fortuna. Pero si lo traducimos a Euros, hoy en día sólo se trata de 150€.

En receso del cole (instituto) Gènia y yo nos acercamos a la agéncia de viajes que había en una esquina próxima y, ansiosas y emocionadas, realizamos la reserva  y pusimos sobre la mesa un fajo de billetes de 1000, 2000 y 5000 pesetas que crujieron al dejar nuestras manos. A cambio de ese fajo crujiente, recibimos cada una un sobre de cartón ligero y alargado que contenía los billetes definitivos de ida y vuelta.

Una vez comprados los billetes, sólo teníamos que esperar a que el curso terminara y empezara el mes de Julio.

Y Julio llegó puntual, como cada año, mientras nosotras preparábamos el equipaje para una semana. No recuerdo exactamente como era mi maleta o mi mochila; sólo sé que por aquel entonces no había aprendido todavía el arte de hacer equipajes ligeros y reducidos...pero todo llega y la experiencia me ha enseñado a hacer maletas o mochilas muy ligeras.

El Talgo partía de la Estación de Francia en Barcelona, aproximadamente a media tarde. Aún recuerdo la emoción al subir en nuestro vagón del tren, que estaba estacionado debajo de esos majestuosos arcos de hierro que forman la estructura de esa bonita estación de tren. Yo fuí a la estación en metro, a Gènia la acompañaron sus padres y nos encontramos con el resto del grupo ya en el andén. Una vez en el vagón, buscamos nuestros compartimentos y nos instalamos en las literas que nos habían adjudicado en la agéncia de viaje. Era una experiéncia completamente nueva, aunque viajar en coche-cama tenía un cierto romanticismo de viaje antiguo.

Escuchar el traquete

Primer viaje de fin de curso

Escrito por cecikrups 05-09-2011 en General. Comentarios (0)
Como todos los viajes cuentan, también habrà que hablar de mi primer viaje de fin de curso.

A diferencia de la mayoría de escuelas, que generalmente llevaban a sus alumnos a Mallorca, con sol, playa y las primeras borracheras, sinó otras primeras experiencias... en mi escuela decidieron hacer un viaje por Europa.

Los países que visitamos fueron Suiza, Austria y un poquito de Alemania. Como la escuela no quería complicar el trajín del viaje con aeropuertos, equipajes y una manada de niños mas o menos descontrolados, optaron por la modalidad autocar. Así, una vez en el destino a visitar, nos podían llevar de cuidad en ciudad o de pueblo en pueblo sin tener que valerse de trenes u otros transportes públicos y ahorrar a los profesores incontables quebraderos de cabeza con los niños, las lenguas extrangeras y los horarios a cumplir.

De todos modos, ya fuese en autocar, en tren, en avión o en carricoche, lidiar con una panda de 30 niños de unos 12 años no debió de ser una tarea fácil y, aún hoy en día, me sorprende cómo los desafortunados profesores lograron sobrevivir a esa manada de Gremblins (mote cariñoso que nos atorgó uno de los profesores después del viaje) después de una semana entera.

De este viaje no recuerdo muchas cosas, incluso menos de las que consigo recordar sobre el viaje a Marruecos. Largos ratos mirando a través de la ventanilla del autocar, viendo pasar los increiblemente verdes prados que abundan en Austria y Suiza. Las bromas que les gastabamos a los compañeros que se quedaban dormidos durante el viaje, poniéndoles cosas por la nariz y sancando fotos embarazosas. Lo bonitas que eran las casitas de estilo alpino, con esas fachadas tan cuidadas, pintadas de colores brillantes, riveteadas de madera, con los balcones llenos de flores. La flores, las flores en Suiza eran increiblemente exhuberantes, tulipanes, margaritas, gladiolos, narcisos, pensamientos ...todas de colores vivos, formado dibujos en los parterres de los parques. Aunque todavía no tenía mucho ojo para las fotos, no podía parar de sacarles fotos. Recuerdo muy vivamente el horrendo olor de la fábrica de Gruyére que visitamos, aunque el queso resultaba muy sabroso. También recuerdo el brillante color del chocolate fundido para poder ser procesado en la fábrica de Nestlé que visitamos y las ganas que me daban de saltar en el gran recipiente que la contenía, para podérmela comer toda. Recuerdo el goulash y la crema de espárragos que nos sirvieron una noche en uno de los albergues en los que dormíamos. Debo admitir que sabe mejor el goulash de mis recuerdos que el que he conseguido probar recientemente. Recuerdo el color turquesa del rio Inn al pasar al lado de nuestro albergue en Innsbruck. Y recuerdo aquel castillo en Alemania, de nombre impronunciable, que un rey loco que se acabó suicidando en un lago cercano, mandó construir muy cerca de la frontera de Austria.

Si me esfuerzo en recordar, aún consigo sacárle alguna cosa más a mi memória, como la raclette que nos comímos la última noche en Suiza o la cantidad de tabletas de chocolate que compré en Ginebra como recuerdo para llevar a casa. Pero el tiempo ha conseguido borrar la mayoría de los recuerdos.

Las fotografías que hice durante este viaje, estuvieron casi 12 años enterradas en un cajón de mi habitación, en sus carretes, sin ser reveladas. No me acuerdo de cual fué la razón para tal demora, pero sí recuerdo que revisar esas imágenes, tomadas por ojos inexpertos, y ver de nuevo a todos mis amigos de infancia y a los profesores, me hizo sonrreir durante un buen rato. Incluso hoy en día me siguen haciendo sonreir cuando les vuelvo a echar un ojo movida por la nostálgia.


Lo que me resulta mas divertido, es que en aquellos días, ni me podía imaginar que iba a acabar viviendo en esa zona y que los fines de semana podría ir a pasear por los prados verdes que tanto me extasiaban o ver en la lejanía, desde mi moto, ese castillo de nombre impronunciable que un rey loco mandó construir unos siglos atrás.

Flashes de Marruecos cuando se tienen ocho años

Escrito por cecikrups 01-09-2011 en General. Comentarios (0)
Los flashes que me vienen a la memoria del viaje de Marruecos son curiosos. El mundo visto desde los ojos de una criatura siempre es distinto.
  • La barra de caramelo que me compraron en Gibraltar se ha derretido en la bandeja trasera del coche por culpa del sol.
  • Los niños marroquíes de mi edad no paran de tocarme el culo y éso me tiene muy molesta.
  • En el suelo, quemándose al sol, está la piel que una serpiente abandonó al hacer su muda.
  • Un vendedor de una tiendecita al margen de la carretera ha visto mi Pequeño Pony y me lo quiere comprar para su hija. Yo me agarro a él ya que su pérdida sería un desastre para mi vida...es mi tesoroooooo.
  • El agua con la que lavan los vasos de la naranjada en Jema el Fna es de color marrón...será eso malo???
  • Me encanta comer el pollo y el cuscús con las manos. Es un poco marrano, pero en casa nos nos dejan comer con las manos.
  • Los curtidores de cuero huelen fatal, pero no consigo aguantar el aire en mis pulmones el suficiente tiempo para sobrevivir a la visita entera.
  • Que me quieren cambiar por unas alfombras???? NOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!
  • Ya me sé de memória todas las canciones del casette de Leonard Cohen...aunque no entiendo el inglés, lo que yo canto se parece mucho a lo que canta ese señor.
  • El agua del riachuelo al lado del que nos hemos parado para tomar un refrigerio parece cristailna y refrescante, me dejaran mojar los pies???
Es curioso que despues de tantos años, todavía persistan en mi memoria ciertos recuerdos y pensamientos. Lo más divertido es que algunos de ellos casi no tienen nada que ver con el viaje, son sólo pensamientos que tuve en un momento determinado y que por alguna razón aún recuerdo. Seguro que si me paro un rato mas a recordar y evocar imagenes, en mi mente se van a materializar muchos otros recuerdos.

Marruecos, el primero de todos

Escrito por cecikrups 31-08-2011 en General. Comentarios (0)

Marruecos fue el primero de los grandes viajes, y para el tamaño que yo tenía entonces, fue un viaje enorme.

El tiempo, por desgracia, ha borrado muchos de los recuerdos. Ni siquiera recuerdo con exactitud qué edad tenía, quizás 7 o puede que 8 años, pero eso ahora ya no tiene relevancia alguna. El tiempo también borró muchos de los recuerdos, pero curiosamente, otros recuerdos se quedaron grabados a fuego en mi mente e incluso hoy en día, reconozco ciertas imagenes en catálogos de turismo o revistas de viajes, hecho que me sorprende, me divierte y me alegra a la vez.

Para ser uno de los primeros viajes que hice, no estubo nada mal. Como cada año,empaquetamos todo el equipaje necesario (en aquellos momentos, los Pequeños Ponys formaban una parte vital en mi maleta), preparamos la “roulotte” y empezamos el camino, cruzando toda la Península Ibérica. Nos deteníamos en los pueblos o ciudades que tenían alguna cosa interesante por visitar, como castillos, murallas, catedrales o cascos antiguos bien preservados. Al ser niños, disfrutábamos mucho de esas visitas, ya que uno soñaba con ser un caballero andante y otra con ser una aventurera a lomos de su Pequeño Pony favorito.

Cuando terminamos con la tierra española, cruzamos hacia el magnífico Portugal, dónde continuamos haciendo visitas interesantes a lugares históricos. En Portugal tocamos por primera vez las aguas del océano Atlántico, mucho mas frías y feroces que las del Mediterráneo al que tan acostumbrados estábamos. También en Portugal experimentamos la primera “borrachera”, después de que nuestros padres nos dejaran dar algún sorbo en las catas de las bodegas de Oporto. Vimos como los bueyes arrastraban a la orilla los botes que volvían con la pesca del día,comimos pasteis de Belem y compramos gallos de cerámica tan típicos de ese país.

Pero Portugal no era el objetivo principal de ese viaje, así que seguimos recorriendo carreteras hasta llegar a Algeciras. Allí dejamos apracada la“roulotte” para las siguientes dos o tres semanas y emprendimos el resto del viaje sólo con el coche, un pobre Peugeot 505 que aguantó lo inimaginable hasta que nos volvió a dejar sanos y salvos en Barcelona al final de nuestro recorrido.

Mis primeros recuerdos de Marruecos són de un pequeño pueblo en una zona montañosa, dónde las pequeñas casitas blancas contrastaban con el color de la tierra. All legar al hotel, dónde mis padres habían hecho la reserva para la primera noche, nadie sabía nada de dicha reserva, así que tuvimos que buscar una pequeña pensión de la que yo sólo recuerdo el desagüe de la ducha en el que un par de cucarachas mantenían una tranquíla conversación.

Marruecos era muy caluroso, el aire acondicionado del coche había muerto en Portugal y viajábamos siempre con las ventanas lo más abiertas posible. El polvo de las carreteras entraba por todas partes, mezclándose con la música de Leonard Cohen, que sonaba casi en todo momento. Aún hoy, cuando escucho una canción de este cantante, el viaje a Marruecos se revive a base de flashes en mi mente. Desafortunadamente, ni Leonard Cohen ni el aire que entraba por las ventanas, conseguían aliviar ese calor tan tremendo al que no estabamos acostumbrados. Pero el paisaje que corría a los lados de la carretera nos hacía mas llevadero el calor. En innumerables tiendecitas en los margenes de las carreteras y caminos del Atlas vendían todo tipo de fósiles, geodas y ágatas a los turistas que se quisieran parar a comprar un suvenir. Los habitantes de la zona cuidaban rebaños de cabras, que a veces cruzaban la carretera deteniendo nuestra marcha, y se veían niños montados a lomos de borricos que iban cargados de leña u otros fardos. Y a pesar de que los borricos no eran rosas como my Pequeño Pony, a mi me tenían fascinada.

Cuando llegamos a Marrakech, los recepcionistas del hotel esta vez sí se acordaron de nuestra reserva, así que nos llevamos el equipage a las habitaciones y salimos a descubrir la ciudad. Marrakech era un estímulo contínuo de colores, olores, ruidos y movimiento. Quizás era un sobredosis para nuestros inexpertos sentidos, pero algunos de los olores han permanecido en la memória hasta día de hoy, como el cuero curtido, y los nuevos sabores eran todo un mundo. Incluso un simple zumo de naranja recién exprimido sabía distinto. Desafortunadamente, nuestros inestinos también sufrieron nuevos estímulos, que no eran tan buenos como los olores o los sabores y, desde luego, mucho mas intensos; pero, no dicen que lo que no te mata te hace mas fuerte??

El Zoco de Marrakech era como un laberinto, lleno de tiendecitas, con millones de cosas con formas extrañas y colores intensos. El propietario de una tienda de alfombras, en la que mis padres compraron varias de ellas, se hacía el simpático diciendo que me quería cambiar por dos alfombras. Mis padres le siguieron la corriente con la broma y yo, que era demasiado pequeña para darme cuenta de  lo que pasaba, me puse a llorar desconsoladamente, pensando que no volvería a ver a mi familia y que iba a vivir rodeada de extraños el resto de mi vida. Pero una buena cena arregló el disgusto y una pulserita de las que vendían las niñas en la plaza Jema el Fna acabó de convencerme de que iba a continuar el viaje con mi familia.

Al ir acercándonos al desierto, las carreteras se convertían en largas cintas de asfalto que recorrían paisajes secos y desolados en los que parecía que no habitara ni una alma. Aún y así, cuando deteniamos el cohce para hacer un descanso, de repente aparecía un hombre o un chico con alguna cosa para vender: fósiles,dátiles o frutas… y nostros nos quedabamos parados, perplejos, con una mirada estúpida en la cara, buscando la piedra debajo de la que habían salido esas personas. Parecía que en Marruecos la gente viviera debajo de las piedras.

Ell ugar más al sur dónde llegamos, era una pequeña aldea con la mayoría de sus casas hechas de adobe. Pero, paradógicamente, el hotel en que nos hospedamos era el mas lujoso de todo el viaje. Era una inmensa mole en medio de la nada,con una piscina increíble que tenía cascadas e incluso un perqueño bar en el centro, en el que uno se podía sentar a tomar su cóctel preferido. Pero por suerte, la civilización occidental no salía más allá de las puertas del hotel y todo en aquel pequeño pueblo era originalmente genuino.

Mis recuerdos de este viaje no abarcan mucho mas. De algún modo, todo el viaje de vuelta quedó mezclado en la memória con el de ida. Aún y así, eso no impide que a veces hurgue en mi memória esos pequeños pedazos de recuerdos y pueda componer en mi mente el cuadreno de bitácora del que fué mi primer gran viaje y, por suerte, no el último.

Para empezar...

Escrito por cecikrups 30-08-2011 en General. Comentarios (0)
Para empezar...para empezar...

Es difícil sentarse frente al ordenador y empezar sin más a escribir. Pero si estoy sentada aquí, será por alguna razón. Fácil...me gusta viajar, mucho, y quisiera compartir aquellos momentos que la gente como yo también vive durante sus viajes.

Cuando empecé a escribir sobre mis viajes, lo hice con la intención de crear un libro, hecho que finalmente me pareció completamente pretencioso, ya que mis aptitudes literarias distan mucho de ser publicables. Pero a nadie le hace daño que empiece a compartir mis experiencias en un blog. Y si eso además le sirve a alguien de ayuda o entretiene por un rato los ojos y la mente de alguna persona, me puedo dar más que por satisfecha.

Y ya que he empezado, dejádme que me presente. Yo soy Cecilia, catalana de nacimiento, española de pasaporte y ciudadana del mundo de corazón.

Mi currículo viajero empezó cuando yo era bien pequeña, de mano de mis padres que siempre se habían movido por el mundo y no iban a dejar de hacerlo por tener niños pequeños. Así que en algunos de aquellos largos veranos de los años 80, liábamos todos el petate y, ála, a viajar.

Mis padres decidieron empezar por destinos próximos, distáncias que fueran factibles con coche y "roulotte" o con tienda de campaña. En la misma península o las regiones circundantes (dícese del sur de Europa y el Norte de África). Así que de bien pequeños, nos hicimos expertos en el Sur de Francia y en todos aquellos pequeños rincones deliciosos que esa zona tiene para descubrir. También dimos nuestros primeros pasos en culturas y climas completamente distintos a los que habíamos conocido desde pequeños, desenmascarando paso a paso, los colores, los olores y las formas que ofrecía Marruecos. Para nuestros sentidos inexpertos, posiblemente ése fue el viaje que sembró el "virus del viajero irrefrenable" y por ello, les voy a estar eternamente agradecida a mis padres.