La Bola de Pelo Viajera

Un París de cine

El primer viaje que hice por mi propia cuenta fue a París, en parte cortesía del gobierno francés.

Por esas fechas yo era (de hecho sigo siendo) una cinéfila incurable y mi sueño era estudiar cine. Como yo, había algunos amigos que andaban por el mismo camino, unos pasos más adelante y ya habían empezado a estudiar. Un afortunado día, Sylvia, mi multinacional amiga, encontró un anuncio en su escuela en el que se ofrecía un viaje a París para jóvenes interesados en el mundo del cine. El generoso gobierno francés cubría la mayoría de los gastos como alojamiento, actividades y una buena parte de las dietas. Nosotros sólo debíamos correr con los gastos del viaje y alguna que otra cena o juerga. Cuando Sylvia me propuso esta pequeña aventurilla, inmediatamente dije sí.

Tenía 18 años, estaba enamorada del cine, de viajar y de Oriol y no podía parar de soñar con esa semana de verano que iba a pasar sin tutela de adultos en la ciudad de la luz.

A tan magnífica oferta se unió otra buena amiga mía, Gènia,enamorada también del cine (aunque no de Oriol) y así, acabamos creando un grupo muy interesante de jóvenes amantes del cine y con ganas de viajar...y si el gobierno francés financiaba una parte...mas que mejor!!!

Como no nos teníamos que preocupar del alojamiento, sólo nos procuramos el transporte. Un billete de Talgo a París, ida y vuelta, en coche-cama costaba unas 25.000 pesetas en 1997, lo que a mí me parecía una fortuna. Pero si lo traducimos a Euros, hoy en día sólo se trata de 150€.

En receso del cole (instituto) Gènia y yo nos acercamos a la agéncia de viajes que había en una esquina próxima y, ansiosas y emocionadas, realizamos la reserva  y pusimos sobre la mesa un fajo de billetes de 1000, 2000 y 5000 pesetas que crujieron al dejar nuestras manos. A cambio de ese fajo crujiente, recibimos cada una un sobre de cartón ligero y alargado que contenía los billetes definitivos de ida y vuelta.

Una vez comprados los billetes, sólo teníamos que esperar a que el curso terminara y empezara el mes de Julio.

Y Julio llegó puntual, como cada año, mientras nosotras preparábamos el equipaje para una semana. No recuerdo exactamente como era mi maleta o mi mochila; sólo sé que por aquel entonces no había aprendido todavía el arte de hacer equipajes ligeros y reducidos...pero todo llega y la experiencia me ha enseñado a hacer maletas o mochilas muy ligeras.

El Talgo partía de la Estación de Francia en Barcelona, aproximadamente a media tarde. Aún recuerdo la emoción al subir en nuestro vagón del tren, que estaba estacionado debajo de esos majestuosos arcos de hierro que forman la estructura de esa bonita estación de tren. Yo fuí a la estación en metro, a Gènia la acompañaron sus padres y nos encontramos con el resto del grupo ya en el andén. Una vez en el vagón, buscamos nuestros compartimentos y nos instalamos en las literas que nos habían adjudicado en la agéncia de viaje. Era una experiéncia completamente nueva, aunque viajar en coche-cama tenía un cierto romanticismo de viaje antiguo.

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